Juan Galera. ¿En qué consiste el asesoramiento filosófico?

Publicado en por juangaleraalvarez

Sabadell, 23 de febrero de 2011

 

¿EN QUÉ CONSISTE EL ASESORAMIENTO FILOSÓFICO?

 

INTRODUCCIÓN:

1.- Lo primero que debemos exponer es que la Filosofía, en tanto que herramienta que tiende a la TOTALIDAD, no puede observar ningún límite en cuanto a su aplicación; es decir, su objeto es diverso (ejecutivos angustiados; empresas en tanto que empresas; problemas conyugales; problemas de salud; instituciones públicas –de la enseñanza o de la la política, etc.).

Por tanto, bien podría denominarse a esta disciplina, sin equivocarnos: consultoría filosófica; filosofía aplicada; terapia filosófica…

 

2.- ¿Por qué en la actualidad este método originario vuelve a resurgir con gran fuerza, frente al psicologismo, la tecnocracia o la método llamado científico?: pues simplemente porque todos los artificios o metodologías humanas provienen de la Filosofía, aunque ello haya quedado olvidado. Es entonces como un regresar ahora a la madre.

En este sentido existen varios factores o señales que así lo muestran: la crisis de valores; la crisis materialista; la crisis política y, especialmente la crisis moral o educativa.

 

3.- El proceso histórico sintetizado para llevarnos a esta convicción, se dibujaría por el paso de una antropología mágica que terminaría en un racionalismo absoluto, revestido posteriormente por un falso cientificismo dedicado ante todo a lo tecnológico y, por ello, acabando en algo contradictorio en sí mismo: una moral materialista.

 

4.- Por tanto la presente conferencia lo que debe elucidar ante todo es el error del mal llamado método científico, para que ocupe su puesto la verdadera ciencia (filosófica).

Y como la piedra angular de aquél método es el principio de causalidad (todo efecto se logra con una causa) deberemos mostrar la inconsistencia de dicha convicción, ya fracasada en el sentido dicho.

 

CAPÍTULO I.- ¿Qué se entiende por PRINCIPIO DE CAUSALIDAD?

1.- Este principio es en el que descansa, en los últimos siglos, nuestra COMPOSICIÓN de la realidad.

Por ejemplo, si una bola de villar le da a otra, ésta se mueve; por tanto cualquier persona afirmaría que la CAUSA de ese movimiento de la segunda bola (EFECTO) es la fuerza que le imprime la primera.

Otro ejemplo: si calentamos a 100 grados centígrados el agua, ésta hierve: la CAUSA es el calentamiento y el EFECTO es que hierve.

Por tanto queda claro, creemos, que el PRINCIPIO DE CAUSALIDAD es que todo lo que ocurre necesita de una causa para que ocurra. Incluso esto que ha ocurrido puede ser una nueva CAUSA para producir otro hecho, y así –en esa cadena de CAUSAS- se desarrolla la vida y nuestra vida.

 

1.1.- Como si en principio estuviera en contra de ese principio de causalidad, aparece otro muy distinto: EL PRINCIPIO DE FINALIDAD. Veamos qué es y por qué es contrario al principio de las causas, y, en consecuencia al cientificismo materialista.

 

CAPÍTULO II.- ¿Qué es EL PRINCIPIO DE FINALIDAD?

2.- Todo acto o actuación o labor parece que tienen como objetivo conseguir una META; es decir un FIN, o se hace con una FINALIDAD; o sea, para llegar a esa FINALIDAD.

2.1.- Y hemos dicho más arriba que para llegar a un fin, a una meta, es necesario que exista una cadena de causas que te lleven a ella. Decíamos en el primer ejemplo que para hervir el agua (esa era la FINALIDAD) debía realizarse algo previo (es decir, la CAUSA que produciría esa FINALIDAD de conseguir que hirviera: es decir, la CAUSA sería darle calor al agua; y la CAUSA anterior a ella que produciría la última CAUSA sería, por ejemplo prender gas, etc.).

3.- Ahora bien, ocurre en la vida y en la naturaleza y la medicina, etc., que no siempre que hacemos algo para conseguir una finalidad, se produce dicha finalidad. Es decir, que la CAUSA no ha sido la adecuada para producir dicho FIN.

3.1.- Pero no debemos dejar escapar algo curioso: si bien la causa no ha sido eficaz, la META, la FINALIDAD, siempre se produce, aunque no sea la que vayamos buscando.

3.1.1.- Por tanto podríamos decir en esos casos, que la CAUSA que creíamos apta para una META, nos ha llevado a otra META de naturaleza distinta.

Es decir, que la causa aplicada no produce, o no produce siempre, la finalidad que perseguimos; pero lo que es claro es que si bien podríamos dudar de LAS CAUSAS, la FINALIDAD o la circunstancia FINAL siempre existe.

Por tanto vamos a olvidarnos por primera vez de las CAUSAS y vamos a investigar lo que ocurre al final de algo (EL PRINCIPIO DE FINALIDAD).

4.- Si aplicamos una causa y no se produce el efecto buscado, ello supone que nos hemos equivocado de causa (de conducta) e incluso que nuestra conducta era apta para otro efecto distinto (el que se ha producido).

4.1.- Por otra parte, en este punto donde nos encontramos, cabe afirmar que, o bien esa causa elegida por nosotros ha producido otro resultado apaentemente inconmensurable con esa causa elegida, o bien que ha sido otra causa la que lo ha producido y no nosotros nunca hemos sido conscientes.

4.1.2.- Incluso, visto lo visto en este planteamiento, se podría afirmar con seriedad, que la finalidad es la que nos atrae hasta ella, utilizando la causa que sea (bien elegida por nosotros; bien producida en cualquier caso). Es decir la FINALIDAD es la que desde siempre está estirando de las CAUSAS hasta que aquella se produce.

En conclusión, paradójicamente, si somos coherentes con lo dicho, la verdadera causa no existe, salvo si entendemos que la verdadera causa estaba ya en la finalidad: la VERDADERA CAUSA ES LA FINALIDAD. Algo parecido, verbigracia, a que no es que la bellota sea la causa de un roble, sino que el roble ya estaba inmerso en la bellota, que, una vez plantada y regada se convierte en ese árbol  (la semilla en sí no es la causa del árbol, salvo si el árbol ya estaba –a modo de embrión- en ella.

5.- Por tanto para afrontar la realidad, en ocasiones debemos posicionarnos mirando desde el futuro hacia el presente. Esta es la cuestión; por cierto difícil, pero posible, como elucidaré a lo largo de la presente conferencia.

 

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