EL PROFESOR DE CALIGRAFÍA
| El profesor de caligrafía
El hombre que conocí en el Sur sospechaba que el sentido de las cosas se encontraba oculto. Me decía que cualquier hombre estaba oculto ante su propia mirada, pues no se veía a sí mismo, y eso era así para que se viera por dentro. Yo le pregunte si él lo había conseguido; me dijo que no. Me dijo que yo lo lograría; y lo lograría porque yo era transparente, tan transparente como que él ya había visto mi interior. Más tarde le solicité que me lo describiera. Me contestó que no podía, al no tener palabras para explicarlo. Yo sospeché, que alguien se lo prohibía. Fue entonces cuando se reforzó mi creencia en una fuerza omnipotente y sabia. Era clara la cuestión, si sosteníamos que el camino de la realidad era una forma de llegar a saber quién era yo, nadie podía decírmelo, porque el camino hacia esa verdad no había transcurrido. Algo así como que el fruto solo viene después de la flor, pero nadie del mundo vegetal debe saberlo antes de sentirlo. A esto le llamaba aquel hombre, la sensación coronaria. |