LA REFLEXIÓN
CONFERENCIA DE FILOSOFÍA, 4 de octubre de 2007
AUDIENCIA.- Empresarios
TÍTULO: La reflexión
INTRODUCCIÓN.-
En primer lugar debo decirles que he sido presentado como Abogado en ejercicio, y lo soy (hace 21 años). Pero la presente conferencia va a ser solo en mi calidad de licenciado y doctorando en Filosofía pura.
El título de la conferencia lo he denominado La reflexión.
Por reflexión se entiende algo relacionado con la óptica, con el ver, con la mirada…con la luz. Más concretamente con el juego de los espejos: un rayo de luz da sobre un cristal tratado como espejo, y, al dar, rebota, para que el que esté mirando lo vea con todos sus elementos; es decir los colores, las formas, etc. de su cara, o de su cuerpo, o de la manzana que tiene en la mano, etc.
También se suele utilizar el término “reflexión” en el sentido de volver a pensar (o repensar) lo ya pensado anteriormente. O incluso pensar con profundidad alguna cuestión importante.
Lo que pretendo mostrar con la presente conferencia es que no hay diferencia alguna entre el primer y el segundo significado del concepto “reflexión”.
I/ EL ESPEJO.-
En principio vamos a centrarnos solo en la reflexión física de la luz.
La primera pregunta que debemos formularnos es ¿cabe la reflexión sin espejo?, ¿alguien puede contestarme a esta pregunta?. A mi juicio, sí cabe. Por ejemplo, cuando nos vemos reflejados en un cristal de un escaparate. Es más, todo lo que vemos lo vemos por reflexión. Es decir, en la oscuridad no vemos nada porque no hay reflexión de la luz; sin embargo, durante el día, debido a que los rayos de luz reflexionan sobre los objetos y llegan por rebote a nuestra retina, es entonces cuando nuestra retina establece los colores y las formas, y las transmite al cerebro que las traduce en cosas (ideas), por ejemplo una mesa, una niña, un árbol seco, etc.
La segunda pregunta sería ¿la persona con la que estemos hablando, en un momento determinado, puede servir para vernos reflejados en ella, aunque no sea un cristal?:
Antes de contestar a esta pregunta yo formularía antes otra, pues me interesa mucho distinguir entre “ver” y “mirar”.
Si yo no miro a la persona que tengo delante, no la veo. Es decir, para verla tengo que mirarla. Lo importante es mi mirada.
Cuando miro a la persona con la que estoy charlando, en una romántica tarde de otoño, tomando un té caliente, con sosiego; en ese momento, en ese preciso instante ¿a dónde estoy dirigiendo mi mirada; es decir, miro igual el semáforo en rojo que a esa persona?... ¿alguien podría decirme algo sobre esta cuestión?.
¿Miró igual a esa persona que a un perro, o a un rinoceronte?. ¿Qué diferencia hay en mi mirada, en el supuesto de que haya alguna diferencia?; ¿miro igual a mi amante que a un hombre que pasa por la calle y le veo desde mi balcón?.
Cuando alguien me está hablando de algo que necesito entender y lo entiendo ¿qué miro en esa persona? Cuando alguien me está aclarando con su forma de hablarme una cuestión de vida o muerte para mí ¿Qué estoy viendo en esa persona?... Piénsenlo por un momento.
Si esa misma persona me está hablando de algo que es una cuestión íntima mía (y estoy notando alivio) ¿la miro igual que si me habla de alguien cuya vida no me interesa para nada?... ¿Qué diferencia hay?:
La diferencia está en el concepto INTIMIDAD, al que ya me he referido.
Si alguien me ayuda con su conversación en algo que me angustia a mí, a mi intimidad, lo que se está reflejando en su rostro, es decir, lo que estoy viendo, es…….a mi mismo (a mi intimidad). Por eso, y solo por eso, siento alivio. Siento alivio al MIRAR a esa persona.
Es decir, en ese momento, en ese instante, el OTRO sirve de espejo para verme YO….. Pero, ¿hay alguna diferencia entre la imagen que vemos en nuestro espejo del cuarto de baño y nuestra propia imagen?. No. O sea que, esa persona, con la que tomaba té, está reflejando mi propia imagen; o sea que eso que estoy mirando –con tanto detenimiento y con tanta emoción- soy yo. Esa persona soy yo. Yo soy esa persona, la que me está hablando.
II/ LA MIRADA.-
Podemos cambiar la mirada de un objeto hacia otro objeto. Por ejemplo, yo estoy mirando el trasero de una señorita, y…. rápidamente, miro al novio que viene detrás.
O incluso puedo mirar el mismo objeto de formas distintas. Pondré el ejemplo de un ejemplar canino: el bulldog inglés (que es el que yo tengo). El que no conozca la raza verá un perro con cara peligrosa (por la gran mandíbula, etc)……Y, en cualquier caso, un perro que produce un cierto respeto por su cuerpo extremadamente compacto y….. fortísimo. En consecuencia le miraría como un perro agresivo….. Sin embargo, los criadores de esta raza, conocen muy bien (y yo se muy bien) que se considera una de las razas menos agresivas del mundo; es más su nutrición fundamental es el cariño que le den y el que él da…..sobre todo, a los niños.
Pero lo que me interesa es caer en la cuenta de que el mismo objeto puede ser visto de maneras distintas por el mismo observador…… (por ejemplo según su estado de ánimo)…Es decir, la cosa, el objeto, la persona que vemos, el árbol que vemos, es el mismo –y lo vemos igual- pero lo miramos de forma distinta.
Eso nos llevaría a concluir que es la luz de nuestra mirada la que, al chocar contra el objeto, nos refleja a éste de una manera u otra. Y la conclusión de ello no puede ser otra que afirmar que lo que estoy viendo en el objeto es mi propio sujeto (es mi propia persona a través del objeto); llámenlo, si quieren, mi propio cerebro a través del objeto.
Pero como el objeto que miro bien puede ser otra persona, llegamos a la conclusión de que la otra persona soy yo también, y la otra persona soy yo.
En este caso de ustedes (de la profesión de ustedes) llegaríamos a la paradoja de que vendedor y cliente son una y la misma persona.
Vayamos ahora a la otra acepción del concepto de “REFLEXIÓN” que dijimos al principio (no la reflexión física de la luz; sino la reflexión como pensamiento profundo y/o repensamiento) y luego volveremos, otra vez, donde hemos dejado el punto anterior: sobre la reflexión de la luz en un objeto.
LA REFLEXIÓN DE IDEAS.-
En ocasiones ocurre que, al llegar a casa, y ya a solas en un ambiente apacible, volvemos a repensar una idea importante, como si quisiéramos verla con mayor claridad y mejor estructurada; con mayor profundidad.
Ahora bien, vemos que lo que acabamos ahora de decir parece contradictorio, en tanto que el concepto CLARIDAD y PROFUNDIDAD, parecen contrarios……. ¿qué opinan ustedes?:
Veamos: igual que dijimos que la reflexión física (la de la luz) necesita un objeto en el que proyectarse para que veamos con mayor claridad dicho objeto; también en la reflexión de nuestro pensamiento necesitamos una sustancia -una pared- que permita que, aquella idea que unos días tuvimos (y que no hemos resuelto) pueda rebotar (reflejarse: REFLEXIONAR) y volver con mayor claridad.
Pero si, como hemos dicho, ver con claridad una idea y verla en profundidad, es lo mismo, nos tememos que dentro de nosotros hay algo más profundo que nosotros mismos.
Es decir, si usted piensa en un proyecto al que no ve solución, y unas horas más tarde reflexiona sobre él y encuentra la solución, debemos sospechar que usted no es el mismo ahora (en el momento de encontrar la solución) que el que no la encontró hace unas horas; si bien usted portaba el mismo pantalón y camisa, y la misma pluma estilográfica.
Si usted es el mismo en todo momento ¿por qué en un primer momento no atrapó la solución que luego unas horas después sí que consiguió mediante la reflexión?
Pues porque aquel que buscó la solución en principio, sin hallarla, es alguien distinto al que si que la halló. En el primer intento quien tomó cartas en el asunto fue fulanito de tal, con domicilio en tal sitio, calvo, portero de futbol cuando era niño, etc.. Mientras que en el momento de la reflexión ese “YO” (fulanito de tal) no existe…… –y si no, cierren los ojos y piénsenló-…….ese fulanito de tal no existe……Es decir, cuando estamos solo mirando aquella IDEA que nos preocupaba, solo existe la IDEA, y la voluntad de verla clara en una zona oscura y silenciosa, cuando estamos mirándola a ella y solo a ella –reflexionándola- dentro de nosotros.
Por tanto que ocurre ¿Que dentro de nosotros existe un YO (es decir toda la información que de nosotros tenemos desde cuando éramos niños) y además existe alguien que no es mi yo?. Pues efectivamente así es.
Es más, si yo puedo ver a mi YO (ese fulanito de tal, arquitecto, rubio…) es que mi yo está siendo observado. Por tanto, mi yo no puede ser obervado y observador al mismo tiempo. Hay otro alguien que está mirando a mi yo dentro de mi. Ese alguien, es silencioso, está en paz (en el momento de aquella reflexión) no dice nada, solo le da claridad a ese yo que no encontró unas horas antes la solución.
Pero ¿Cómo es alguien tan profundo y al mismo tiempo da esa claridad al asunto que estamos reflexionando, si además es quietud, y silencio (no habla, no dice nada)? Pues precisamente porque él solo ve, y ve cuando aquella idea ha rebotado (ha reflexionado como un rayo de luz en un objeto; en este caso en una especie de base rígida, para rebotar y ser visto con claridad. Ese que ve no aquel YO del que nos hemos olvidado cuando estamos reflexionando sobre un idea (sobre un proyecto empresarial, por ejemplo); sin embargo, en ese momento seguimos existiendo (seguimos ESTANDO; SIENDO). Por eso ese que VE no es mi YO es mi SER……es el “ser” (nosotros somos, existimos); el otro, el que no vio con claridad la solución unas horas antes es falso, no existe, es el YO (es solo un conjunto de información sobre algo de nosotros: fulanito de tal, casado, comerciante, calvo, que, como era gordito de pequeño, le hacían hacer de portero, etc.) es solo una información, no existe, en el silencio de la reflexión, del pensamiento o en el momento en que estamos volando con una sinfonía de Schubert, o de una escena crucial de una gran película de cine, o cuando vamos conduciendo a 200 por hora, o cuando estamos haciendo el amor con toda pasión (no existe nuestro yo, nuestro yo ha muerto). Pero sin embargo seguimos siendo, somos; es más, somos mucho más, somos lo mejor de nosotros; ahí donde ya no existe el miedo, ni el aburrimiento. Eso es el SER. El yo, por tanto ha muerto en ese momento. Por tanto el que nos producía el miedo a la muerte (del yo, de ese fulanito de tal) (y entiéndase muerte física, o mental, o de nuestra empresa) el que nos producía ese miedo que nos aprisionaba –y por eso no veíamos la solución- es el propio YO, no el SER, este es otra cosa. Como máximo, El SER, en aquel momento de reflexión o de inspiración, ha utilizado al YO simplemente como muro para que rebote la luz del “ser” y éste mismo pueda verse (pueda encontrar la solución).
El YO, por tanto, ha quedado relegado a ser un muro, donde reverbere la luz, el brillo del SER (de la idea que brilla; de la bombilla que a veces se nos enciende). Aquel muro (el YO) era el que, unas horas antes, nos impedía ver con claridad la solución.
Y nos la impedía ver, por cuanto reflexionaba sobre si mismo; es decir un muro que choca contra otro muro, no puede ser nunca un caso de reflexión de la luz sobre el muro. El rayo de luz sobre el muro hace que veamos el muro. Pero el muro que reflexiona sobre otro muro solo consigue, o el detenimiento definitivo de ambos muros, o bien -y debido que es el mismo muro- consigue la erosión superficial de ambos muros. Cáigase aquí en la cuenta que la reflexión de la luz es lo contrario a la refracción: la reflexión supone el rebote, mientras que la refracción sería el caso del rayo de luz que impactando con un prisma de cristal se descompone en varios elementos, varios trozos –que no vuelven a recuperarse (como los trocitos que sueltan esos dos muros al chocar entre si, trocitos cuyos muros se ha quedado sin ellos).
Ahora bien, ese SER que ha visto en su YO el causante de su ceguera, y de su miedo, y que solo lo ha reconocido como un espejo –como cualquier otro- para verse en él, ese SER decimos, no puede dejar de SER, pues precisamente por eso es SER (no muere, como el YO, como el EGO).
Por otra parte, ese SER, al ser algo distinto al YO (a fulanito de tal) no está solo en mí, sino en el otro (aquel o aquella con la que yo tomaba el té); y en todo lo que ES, pues eso significa SER: lo que ES (lo mismo que decíamos respecto a la luz de la reflexión física del rayo de luz sobre un objeto: la LUZ es, y el objeto solo le sirve de pantalla donde proyectarse para ser comprendida por el que está observando a ese objeto). Sin luz no hay objeto.
Pero como dicho objeto es también aquella persona del té, que nos veíamos reflejados en ella, entonces la respuesta a la pregunta sobre ¿Qué mirada elegíamos cuando ella nos recordaba a nuestro SER más íntimo?, es que elegíamos la mirada de ver en el otro lo único que yo también tengo (que no es el YO –que es falso- sino el SER). El SER de esa persona y el mío es el mismo SER.
EL CAMBIO DE MIRADA.-
Una vez dicho lo anterior, tenemos que recordar que, ya dijimos, que uno puede y quiere cambiar su mirada (una cosa la miramos de diferentes modos, y el resultado de ello es respectivamente distinto).
Centrándonos ahora en la relación interpersonal (entre seres humanos) y más concretamente entre mi ser y el de otra persona (es decir solo dos personas) aquella con la que tomaba el té, debemos decir que…..yo me puedo ver reflejado en ella- pero siempre y cuando yo elija un tipo de MIRADA.
Esa mirada es aquella que no para –o no SE para- en su yo, sino que se centra en lo que ese yo le está transmitiendo desde su parte más pura, más esencial.
Hemos dicho más pura. Pura significa sin accidentes. Me explico: la idea por ejemplo de caballo es pura en tanto que caballo; y sus accidentes pueden cambiar: por ejemplo: tordo; con la crin larga; de Arabia; adiestrado para lidiar toros, etc. Repetimos que los accidentes cambian, pero el concepto permanece puro: “caballo”.
Cuando YO estoy viéndome reflejado en EL OTRO, ese OTRO (esa persona) y debido a que me habla desde su SER puro, me veo reflejado………. porque me está hablando ese SER sin accidentes (no es el YO de esa persona el que me habla, ni el que me gesticula con esos ademanes entrañables, ni con esa mirada infinita; sino que es algo que ya no estoy viendo en su YO, sino en el mío, en mi verdadero yo (que es aquello que en esa persona y en mí existe como lo mismo; es la misma sustancia lo que estoy viendo en ella y mi sustancia: es que ella y yo SOMOS: no hay diferencia entre su SER y mi SER (igual que no hay diferencia entre que el caballo SEA y yo SEA: los dos SOMOS: los dos tenemos la misma sustancia. Pero, como decimos, para yo ver eso, tengo que mirar eso, centrarme en eso, y no en los accidentes de su YO (persona presumida, imbécil, astuta, egoísta, etc.)
Hemos dicho que el YO no existe en tanto que sustancia del SER, sino solo como información para que el SER se vea a si mismo. Pero al creer que lo que existe es mi YO, como sustancia independiente, también caemos en el error que los demás objetos que vemos (el caballo; el árbol, etc.) existen como objetos independientes a mi SER. Entonces al comprobar que lo único que ES es “es” el SER, vemos que ese caballo y ese árbol y esa persona del té (y el propio té) son el mismo SER que mi SER, pues todos SON. En otras palabras, mi SER esta viendo a mi SER; mi SER está creando al resto del SER (lo mismo que cuando mi SER tiene su descendencia –sus hijos- que también SON).
EL OTRO.-
Por la misma razón “el otro” también, debido a esa mirada mía se está viendo reflejando en mi, se esta viendo en mi espejo. Pero, y esto es lo importante, está viendo, por primera vez, su mejor parte: la verdadera, está viendo –ya no su YO- sino su SER (que, como hemos justificado es el mío).
Por eso cuando yo, por ejemplo, le estoy vendiendo un producto a un comprador, al llegar a aquél único punto (único en tanto que cambio de mirada y que única verdad posible) no es que yo le esté vendiendo un producto a mi cliente, es que yo me estoy vendiendo el producto a mi mismo; y entonces, yo se cómo quiero comprar yo la lavadora que yo estoy vendiendo. No hace falta casi ni hablar, solo es suficiente la presencia, la mirada. Es como ahora mismo, yo les estoy vendiendo una tesis a ustedes, pero al mismo tiempo yo estoy aprendiendo de mi propia conferencia (Aristóteles ya dijo que solo se aprende cuando se enseña).
EL MUNDO.-
Una vez que estamos de acuerdo que mi ser no termina en MÍ, sino que se extiende en cuanto ser (todo aquello que es) vemos, por otra parte, que necesitamos saber hasta donde llega ese ser.
En el Viejo Testamento, cuando Moisés se encuentra con Dios y le pregunta Moisés ¿tú quién eres?: el responde “YO SOY EL QUE SOY” (es decir todo lo que “es”, eso “soy” “yo”). Por tanto incluso el verbo ser, la palabra ser, sería Dios (ya que éste ES el todo). Y como la IDEA “ser” , como cualquier otra IDEA (y solo la IDEA), no es caduca (como, sin embargo sí que lo es la materia) el “ser” es infinito, eterno (siempre “ha sido”, porque el “ser” nunca ha podido “no ser”).
Hasta ahora hemos mostrado como el SER no termina en mi cuerpo ni en la materia (se aproxima más a la PALABRA, y nos hace sospechar en la inexistencia de la materia –como en los sueños). Por tanto lo importante es la propia palabra SER: Evangelio según San Juan, 1-1: primero fue la Palabra, la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios.
Y poco después, en el mismo Evangelio: “el verbo se hizo carne”.
Dios (o el todo, como quieran; o el SER (el que ES) que tal como hemos indicado soy YO mismo, era palabra y ahora, mediante la palabra SER, vuelve a ser palabra (y si ustedes lo quieren llamar idea, es lo mismo) es decir: aunque toda la materia (mejor dicho, la presunta materia, pues ya dijimos que la materia sin luz no es; es decir, la materia no es, es solo una excusa para verse el SER a SI MISMO mediante los conceptos, las PALABRAS) como decimos, aunque toda la materia desapareciera por una catástrofe del Universo, el teorema de Pitágoras (la hipotenusa es igual a la raíz cuadrada de la suma de los lados menores al cuadrado) o cualquier otra Idea, sea matemática o estética, jamás desaparecerían. Como ha dicho Platón, estas Ideas necesitan de un hogar donde mantenerse (que es el mismo que tenían antes de nacer nosotros) por eso el alma es inmortal (el alma es puro concepto, pura inteligencia).
Pero en la medida que el ser humano es consciente de que su SER es el mismo SER del OBJETO al que mira, el SER humano es el único que no vive separado del OBJETO (es una unidad con él): ese SER-HUMANO es el único que tiene algo que le rodea, sin lo que no puede existir. Eso que le rodea, que le circunda (tal como el oxígeno, o sus relaciones sociales; o su propia lenguaje que le hace entender que una “silla” es una “silla” –cosa que, por ejemplo, no tiene una mosca, o un murciélago (de ahí que sea el SER elegido, pues toma consciencia de su propio SER) eso, decimos, que le rodea, y que es él mismo, es lo que denominamos MUNDO: el SER HUMANO necesita tener conciencia de MUNDO para estar vivo, necesita un MUNDO. Por tanto, el SER HUMANO es el MUNDO que ES.
Y en ese MUNDO que ES él mismo, el SER HUMANO –como supongo que ya se habrán dado cuenta ustedes- es el único SER que todo lo que siente, todo lo que hace, todo lo que le hace vivir, lo entiende a través de su LENGUAJE y de su TRABAJO.
De su LENGUAJE –y con esto ya termino- porque todo lo que comprende lo comprende a través de su lenguaje. Y de su TRABAJO, porque el SER HUMANO es el SER del TRABAJO; es decir, es el único SER que utiliza los utensilios para no MORIR. Por eso, quien no trabaja MUERE. Por eso quien trabaja termina viéndose en el espejo, termina sabiendo quien ES.
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